El desarrollo web moderno ha evolucionado desde simples páginas estáticas hasta complejas aplicaciones de una sola página (SPAs) y arquitecturas distribuidas basadas en microservicios en la nube.
Hoy en día, la separación de responsabilidades es más clara que nunca. El Frontend se encarga de la experiencia del usuario (UX), el rendimiento en el navegador y la interfaz visual, consumiendo APIs. El Backend se centra en la lógica de negocio, la seguridad, la persistencia de datos y la escalabilidad de la infraestructura.
Esta dicotomía ha dado lugar a ecosistemas increíblemente ricos, con herramientas especializadas como React, Vue y Tailwind en el lado del cliente, y Node.js, Python, Docker y Kubernetes en el lado del servidor.